Rodrigo Vergara: "Se ha puesto en tela de juicio una serie de instituciones y eso tiene un efecto sobre el crecimiento"

Fuente: La Tercera
Categoría principal: Economía. Palabras clave: crecimiento

“Lo importante es que logremos entender, consensuar e implementar lo que necesitamos para dar el salto hacia un país más desarrollado y más justo”. Con estas palabras, el presidente del Banco Central, Rodrigo Vergara, finalizó su presentación del Informe de Política Monetaria correspondiente a junio ante la Comisión de Hacienda del Senado.

Y al proponerle sentarse a pensar en el Chile que somos hoy, la autoridad monetaria reafirmó lo también dicho en esa ocasión: “Chile está hoy en una posición expectante” respecto de cómo se cumple el sueño de que el país logre pasar al exclusivo club de las naciones desarrolladas.

Desde el punto de vista económico, ¿cómo podría definir en estos momentos el “Chile que somos”?

Un país de ingreso medio, abierto al mundo, que ha crecido de manera rápida los últimos 30 años, con mucho éxito en muchas áreas, pero que todavía tiene falencias y desafíos de cómo enfrentar la desigualdad y consolidar su transición al desarrollo. Un país serio en su manejo macroeconómico, con instituciones sólidas y estabilidad, pero que hoy enfrenta un problema de bajo crecimiento, con la inversión y la productividad expandiéndose por debajo de lo que somos capaces.

¿Cuánto ha avanzado Chile en materia de metas económicas? ¿La meta de inflación fijada en 1990 hizo la diferencia?

Creo que el principal elemento que ha permitido a Chile ser una experiencia exitosa de crecimiento, reducción de pobreza y estabilidad macroeconómica ha sido un marco institucional fuerte, que ha permitido el desarrollo y dinamismo de la iniciativa privada. En términos del manejo macroeconómico, este marco institucional se ha traducido, entre otras cosas, en una estrategia de apertura al mundo, en responsabilidad fiscal que se empezó a aplicar en los 70, una regulación y supervisión adecuada del sistema financiero que tuvo su origen luego de la crisis de principios de los 80, la preocupación del Banco Central por el control de la inflación que se consagró con su autonomía. Políticas como la meta de inflación y el tipo de cambio flexible adoptados formalmente en el año 2000, o la regla fiscal, han sido instrumentos muy exitosos, que han podido ser implementados gracias a las fortalezas institucionales antes mencionadas.

¿La actual crisis de desconfianza torpedea este funcionamiento institucional que, como afirma usted, “ha permitido el desarrollo y dinamismo de la iniciativa privada”?

Los bajos niveles de confianza están, en parte, relacionados con que se han puesto en tela de juicio una serie de instituciones y eso tiene un efecto sobre el crecimiento. Retomando la pregunta anterior, esta crisis de confianza nos está enseñando, y espero que aprendamos rápido, lo importante que es hacerse cargo de los problemas que la ciudadanía plantea poniendo atajo a las ineficiencias del sistema y a los abusos, pero al mismo tiempo cuidando el diálogo, los consensos y el análisis técnico riguroso. Desde el punto de vista económico es clave, para retomar niveles adecuados de confianza, que los agentes perciban que el crecimiento es un objetivo importante, sin el cual será difícil avanzar en la solución de los problemas que la sociedad tanto anhela resolver.

¿Las distintas crisis que ha enfrentado el país (salitre, asiática o subprime) han ayudado a delinear el camino del Chile que somos?

Ciertamente, las grandes crisis han sido instancias que llevan a la revisión de las políticas económicas, a veces de manera muy exitosa, otra veces con resultados menos satisfactorios. La Gran Depresión nos llevó, por ejemplo, a cerrar nuestra economía, adoptando una estrategia de desarrollo que, aunque bien intencionada, redujo nuestra tasa de crecimiento durante décadas. La crisis de principios de los 70, que evidentemente fue mucho más allá de lo económico, nos dejó, desde el punto de vista macroeconómico, la lección sobre la importancia de contar con equilibrios macroeconómicos. La crisis del 82 nos enseñó la importancia de la regulación financiera, lección que costó muy cara, pero que permitió a nuestros bancos enfrentar de muy buena forma crisis posteriores. La crisis asiática nos llevó a adoptar el esquema de metas de inflación y tipo de cambio flexible, que nos ha permitido combinar estabilidad macroeconómica con flexibilidad para ajustarnos a perturbaciones externas, como ocurrió con la crisis subprime. Esta última crisis puso de nuevo el foco en la estabilidad financiera, que ha sido pieza clave en las políticas de los últimos años.

En su momento, el ex Presidente Lagos planteó que Chile alcanzaría el desarrollo en 2011, y luego el ex ministro de Hacienda Andrés Velasco puso como horizonte el 2020 para llegar a un PIB per cápita similar al de Portugal. ¿Cuándo cree usted que efectivamente Chile va a alcanzar el desarrollo?

El país ha avanzado mucho en los últimos 30 años, porque supo implementar buenas políticas en el contexto de fortaleza institucional, que permitió un fuerte desarrollo de la iniciativa privada. La transición al desarrollo, y la velocidad con que esta ocurra, va a depender de las decisiones que tomemos como país, y las políticas que adoptemos hacia el futuro. Evidentemente, los desafíos para los próximos 30 años son diferentes a los de los 30 años previos. Crecer resulta más difícil para un país que ha alcanzado el nivel de ingreso de Chile, ya que muchas oportunidades de inversión altamente rentables ya han sido explotadas. Mientras más lento crezca nuestra productividad, y menos espacios generemos para tener inversión, más largo será el camino que nos toque recorrer. A futuro, debemos mejorar la calidad de nuestro capital humano, lograr mayor innovación, hacernos cargo de una sociedad que envejece, enfrentar los problemas medioambientales y lograr un crecimiento más inclusivo, entre otros. En todo caso, reitero que cuándo y cómo alcancemos el desarrollo depende de nosotros. Si lo hacemos bien e implementamos políticas amigables y promotoras de la inversión y el crecimiento, lo haremos antes y lo contrario sucederá si no lo hacemos.

Para hablar de país desarrollado, ¿basta con mirar sólo el PIB per cápita? ¿Hay otros factores a considerar? ¿Cuáles?

Efectivamente, el PIB per cápita no es el único indicador que mide el desarrollo de un país. Recordemos que el PIB per cápita es un promedio en el que detrás puede haber mucha desigualdad. Ser desarrollado implica tener estándares altos en indicadores de salud, esperanza de vida, alfabetización, cobertura de educación en distintos niveles, acceso al sector financiero, solidez institucional, una red de protección social, una sociedad inclusiva en que estos avances lleguen a toda la población, etc. El período de alto crecimiento del PIB per cápita en Chile también fue un período en que como país también avanzamos en esas dimensiones. Eso no es sorprendente, ya que todos esos indicadores están altamente correlacionados. Los países de mayor ingreso son también los que generalmente dan una mayor calidad de vida a sus habitantes en múltiples dimensiones.

Según las capacidades, ¿cuál debería ser el crecimiento de la economía promedio en el largo plazo? ¿Qué implica?

El Banco Central considera que la capacidad de crecimiento de la economía para la próxima década está en torno al 3,5%, lo que es coherente con las proyecciones de diversos expertos. Con una tasa de aumento de la población cercana a 1%, crecer a esa tasa tendencial implicaría que el PIB per cápita crecería cerca de 28% en 10 años. Que ello ocurra, por supuesto, dependerá de cuánto tarde la economía en recuperarse de la actual situación de bajo crecimiento, y volver a crecer de acuerdo a su potencial. Ahora bien, este no es un número escrito en piedra. Hay mejores y peores experiencias. Países que con nuestro ingreso per cápita actual crecieron más y menos que esa cifra. Entre los más exitosos destacan algunos asiáticos. Con buenas políticas este guarismo puede ser mayor.

Respecto de cuánto tarda la economía en recuperarse, ¿usted es optimista o pesimista en relación a la velocidad de esta recuperación?

En el último IPoM dejamos claro que no esperamos una recuperación rápida. Ahora bien, desde un punto de vista macro, esta economía se encuentra bien balanceada y eso es algo muy importante, que no muchos países pueden mostrar. Pero, sin duda, eso no es suficiente. Se requiere crear condiciones que fomenten la inversión, la productividad y el crecimiento, que faciliten la reasignación de recursos entre sectores. En lo personal, creo que, sumando y restando, el escenario internacional podría ser algo más benigno que lo anticipado, de modo que si logramos una recuperación más vigorosa en el clima de inversión, se podría ver una reactivación algo más rápida.

Los factores que impactan negativamente la economía local, como el ajuste de la inversión minera, el escenario externo y las consecuencias del Brexit, ¿se están suavizando y permiten mirar un 2017 con crecimiento del PIB mejor a lo esperado para este año, que va entre 1,25% y 2%?

El escenario internacional se ve algo más benigno, especialmente en cuanto a las condiciones financieras que enfrentan los países emergentes, y los efectos del Brexit hasta ahora estarían circunscritos al Reino Unido y en menor medida a Europa. El ciclo de ajuste de la inversión minera ha sido muy fuerte, pero su parte más intensa ya habría pasado. Con ello, nuestro escenario de un crecimiento para 2017 algo mayor que para este año se ratifica. Obviamente, hay riesgos relevantes que pueden generar desviaciones significativas que, como siempre, se analizarán con más detalle en el próximo IPoM.

¿Este escenario para 2017 debería ir acompañado con una tasa de política monetaria con sesgo al alza?

Eso lo tendremos que ir viendo mes a mes y dependerá crucialmente de cómo evolucionen estas y otras variables y su efecto en las proyecciones de inflación.

En el último IPoM usted dijo que Chile está en una posición expectante, pero es necesario consensuar e implementar lo que necesitamos para dar el salto al desarrollo. A su juicio, ¿qué es lo que necesitamos?

El crecimiento de los países depende de dos fuerzas fundamentales: la inversión en capital físico y humano, y la evolución en cuán eficientes somos en usar los recursos, lo que llamamos la productividad total de factores. Por tanto, la transición al desarrollo pasa por generar las condiciones y políticas para que la inversión y la productividad crezcan de manera robusta, tal como lo hicieron en el período en que Chile fue un país de crecimiento alto. Es necesario que existan las confianzas y generar los acuerdos para que nuestro objetivo país sea generar un entorno que incentive la inversión y permita aumentar la eficiencia. En términos más específicos, debemos poner énfasis en mejorar la calidad de nuestro capital humano, en infraestructura, flexibilidad y competencia en los mercados, todavía con mayores niveles de integración con el mundo, entre otros.

Usted también advirtió que en la región ha habido experiencias fallidas en este ámbito. ¿Qué países forman parte de estas experiencias?

El fracaso de algunos países en consolidar el progreso se puede atribuir, en términos gruesos, a dos falencias fundamentales. Primero, a la fragilidad de las instituciones políticas y económicas. En segundo lugar, la desigualdad y falta de oportunidades para sectores significativos de la población. Cuando se da la combinación de estos factores se abre un espacio a la corrupción, al populismo y a sistemas políticos e institucionales inestables. Muchos países han fracasado en su intento de alcanzar el desarrollo, porque han buscado caminos cortos que no existen. No hay atajos para llegar al desarrollo, se requieren buenas políticas e instituciones que permitan un crecimiento robusto. En esto es importante destacar que el proceso de reformas es continuo. Es fácil dormirse en los laureles y pensar que todo ya está hecho. Es un error, porque el camino al desarrollo está lleno de desafíos en cada etapa.

En los últimos años, para Chile alcanzar un mayor crecimiento se ha puesto cuesta arriba y muestra un desempeño en ese ámbito similar al de los países desarrollados, no siéndolo (con expansiones en torno al 2%). ¿Qué nos pasó?

En los últimos tres años Chile ha tenido tasas de crecimiento bajas, significativamente menores al promedio de los últimos 30 años. Ello es el resultado de dos fenómenos. Por un lado, hemos sufrido un shock externo adverso, en que gran parte del boom del sector minero experimentado en la década pasada se ha revertido. Ello se ha reflejado en un ajuste significativo en el precio del cobre, deteriorando nuestros términos de intercambio y contrayendo de manera muy importante la inversión minera. A ello se le suman condiciones generales algo más estrechas en los mercados internacionales que las que teníamos hace un tiempo. Por otro lado, también tenemos problemas de origen interno, que se reflejan en un deterioro de las expectativas respecto del futuro, y probablemente a un mayor grado de incertidumbre respecto del mismo. Ello, por cierto, afecta la inversión.

¿Qué definirá en materia económica al Chile próximo?

Como lo dije anteriormente, las decisiones que tomemos como sociedad. Si tomamos buenas decisiones y somos capaces de generar un entorno que estimule la inversión y la productividad y que entregue oportunidades de progreso a todos los chilenos, podremos llegar al nivel de desarrollo al que aspiramos. Si no hacemos eso, podemos quedarnos en el camino, como les ha pasado a otros países, y lamentarnos en el futuro de las oportunidades perdidas. Finalmente, es nuestra decisión y nuestra responsabilidad.