
En Talca, los pacientes graves son derivados al Hospital de Campaña y a Santiago. En Cauquenes se opera con el 40%, y en Curicó hay severo riesgo de derrumbe. J. Ulloa y F. Aliaga
TALCA.- El recién nacido está incómodo, y Franca, su joven madre, se esmera en tranquilizarlo. Aún sin nombre, no discierne que está en el Hospital de Talca, que vive días convulsionados tras el terremoto. Su madre está junto a otras dos mujeres en una pequeña sala en la que chocan cuatro camillas y que podría sumar otra si se amerita.
Esta situación cruza varios hospitales de la Región del Maule. Ocho de 13 establecimientos resultaron seriamente dañados y han tenido que reducir al mínimo sus servicios. Perdieron valiosos equipos, salas completas, y además sus funcionarios están golpeados por dramas personales.
Por ahora, deben resolver necesidades básicas, como esterilizar los instrumentos, reorganizar la farmacia y la bodega de medicamentos. Lo urgente es potenciar la red que permita atenciones de hasta mediana complejidad y derivaciones al Hospital de Linares o a los de la Región Metropolitana.
Además, se están comprando servicios en clínicas para afrontar la atención ambulatoria. Los funcionarios están focalizados en normalizar los procesos. Una tarea difícil, tomando en cuenta que, por ejemplo, el Hospital de Talca colapsó y fue declarado inhabitable. La maternidad, el servicio de urgencia y hasta los pabellones clínicos fueron trasladados al edificio contiguo del Centro de Diagnóstico Terapéutico (CDT).
Ahí estaban las oficinas de médicos, salas de consulta y de entrega de exámenes. Hoy, hay 130 camas habilitadas para atender pacientes en el hall de recepción, boxes o cubículos. Antes del terremoto, el recinto tenía 547 camas. "Estamos estrechos, pero bien. Seguros de que el hospital resistirá", comenta Ester, quien ya inició su trabajo de parto.
"Estoy esperando. Hay que tener paciencia, porque la visita está restringida", explica René, afuera del recinto. Con él, hay 50 personas esperando en el acceso en que pasan camillas, ambulancias, médicos y pacientes. "Estamos trabajando a un cuarto de capacidad, pero queremos restablecer la normalidad", explica Carolina Chacón, directora del hospital.
Ahora se espera una segunda oleada de pacientes, que llegarán al servicio de urgencia por enfermedades menores o problemas psiquiátricos. "Lentamente se están acercando. Tenemos que estar preparados", comenta Chacón.
Hugo Sepúlveda, el jefe de Urgencia, explica que ya empezaron a atender cuadros depresivos, aunque la gente está calmada para esperar la atención.
En Cauquenes, el 90% de sus casas está en el suelo, su economía destruida y el hospital funcionando a mínima capacidad. Todas sus instalaciones fueron redistribuidas, porque el terremoto destruyó pabellones quirúrgicos y pensionados.
Los funcionarios están molestos, porque acusan que la ayuda se ha concentrado sólo en la costa, Talca y su periferia. "Se informó que había un hospital de campaña, pero es falso", explica Carlos Zapata, el director del hospital.
El centro trabaja al 40% de su capacidad, con sólo 47 camas de las 144 que tenía.
Al norte está el Hospital de Curicó. Con sus pilares y muros colapsados, el edificio está inhabilitado para la atención de pacientes y con resguardo militar por el riesgo de derrumbe.
El que era el segundo centro asistencial mejor equipado del Maule es hoy sólo ruinas. De las 360 camas que poseía, le quedan 40. También movió sus atenciones al edificio aledaño, y toda la cirugía electiva y consultas de especialidades están suspendidas. "Tenemos que adecuarnos por lo menos de aquí a ocho meses", comenta Rojas, esperanzado en que llegue un hospital de campaña. "Ya pedimos el decreto de demolición, porque el hospital no sirve", agrega.
''De 96 camas, ahora tenemos 24. Son camillas, y estamos atendiendo con algo de incomodidad. Sin embargo, los importante es que este servicio no se ha detenido desde el terremoto".
HUGO SAGREDO, Jefe de Urgencia del Hospital de Talca
''El panorama es aterrador. Basta ver medio hospital destruido. Estamos trabajando con las mínimas condiciones, con la esperanza de que vamos a ir mejorando paso a paso".
ACTINIO COQUIDÁN, Jefe de urgencia Hospital de Cauquenes












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