Diagnóstico: Descompensación Generalizada

Fuente: Estrategia
Categoría principal: Economía. Palabras clave: inflación, ipc

Alta inflación, estancamiento de la actividad, creciente desempleo, convulsión en los mercados financieros y un mal estado anímico, son las patologías que ahora debe enfrentar el equipo económico, que se rehusó a aplicar a tiempo las dosis de antibióticos requeridas.

Como un paciente entrando al servicio de urgencia, la salud de la economía chilena se complicó, producto de una descompensación generalizada. Alta inflación, estancamiento de la actividad, creciente desempleo, convulsión en los mercados financieros y un mal estado anímico, son las patologías que ahora debe enfrentar el equipo económico, que se rehusó a aplicar a tiempo las dosis de antibióticos requeridas. El problema es que actuar tarde exige cirugía mayor y atravesar por procesos que son más dolorosos. En ese punto estamos.
El primer informe médico fue entregado a pocas horas de conocido el IPC de junio (1,5%), en el cual, el ministro Edmundo Pérez dijo que se estaban estudiando medidas contra la inflación. Pero minutos más tarde, el titular de Hacienda, que vendría siendo el cirujano jefe, fue claro en aterrizar las expectativas y dijo que no hay soluciones fáciles y que "aquí hay un trabajo continuado que vamos a seguir haciendo". En concreto, se habla de un subsidio focalizado en los más pobres para atenuar levemente el efecto de las alzas de precios, lo que supone una vez más dejar fuera a la clase media. El problema de entregar bonos es que apunta sólo a resolver una mínima parte del deterioro del poder adquisitivo y no actúa contrarrestando la inflación, que es la génesis del problema.
Es cierto que los combustibles y alimentos tienen gran responsabilidad en el IPC de junio, presiones que son importadas y que están golpeando a nivel mundial. Pero también se corrobora que la inflación subyacente -la que excluye perecibles y combustibles- acumula una expansión que casi triplica la meta inflacionaria (8,7%). Esto revela que la demanda interna también tiene una buena dosis de culpa, lo que se deriva de una política monetaria que por años fue demasiado generosa y poco previsora.
El punto es que independientemente de dónde se genere la inflación, tanto Hacienda como el Banco Central tienen instrumentos para reducir su impacto negativo y sólo falta la voluntad para materializarlos. Aunque el tema de los precios es principalmente un problema que compete al ente emisor, el expansivo gasto público impulsado por Hacienda también compromete su participación y una acción conjunta es, sin duda, la única forma de acortar el proceso de ajuste. Ello, porque el aumento de la tasa rectora entre 50 y 75 puntos base -según prevé el sistema financiero- no marcará mayormente la diferencia en las desancladas expectativas inflacionarias. De hecho, la autoridad monetaria tendría que impulsar una subida bastante más agresiva, lo que es contraproducente por el lado de la actividad.
Por eso surge la necesidad de un rol activo por parte de Hacienda y allí cobra fuerza la idea de eliminar temporalmente el IVA de la canasta básica de alimentos, por ejemplo. Tampoco se puede descartar el término del impuesto a los combustibles, considerando que el 9% de las personas del quintil más pobre posee vehículo. No es razonable pensar que los 2.600.000 vehículos motorizados que existen en el país, están en manos del 20% más rico de la población.
Pero, ¿es la inflación el principal problema del país? Aunque Andrés Velasco así lo cree, el lento ritmo de la actividad y el alto desempleo son igualmente relevantes.

Desempleo

Desde esa perspectiva, resulta poco alentadora la calificación de "absolutamente normal" por parte del ministro de Hacienda al referirse a las malas cifras de desempleo. Porque no tiene nada de normal experimentar un aumento de 1,3% en la tasa de desocupación en 12 meses, marcando un 8%. Tampoco es normal que este sea el octavo mes consecutivo de deterioros. Y, definitivamente, no sirve una explicación matemática, donde se asigna la responsabilidad de la mayor desocupación al crecimiento de la fuerza de trabajo (3,8%) por sobre la expansión del empleo (2,4%), sin abordar las causas de por qué más personas salen a buscar trabajo y de la incapacidad de la economía de generar las plazas laborales que se necesitan.
De hecho, no existe una política orientada a generar las condiciones para que el empleo aumente y, menos, de incentivos para que más jóvenes y mujeres se integren al mercado laboral, ignorando que este es el camino más directo para elevar el ingreso familiar, acceder a una mejor educación y optar a la movilidad social.