Con la Reforma Laboral Estamos Yendo a un Modelo de Sociedad Parecido al Cubano y Venezolano

Fuente: La Estrategia
Categoría principal: Economía. Palabras clave: reforma laboral

“Más que un proyecto de Reforma Laboral es un proyecto político, ya que están cambiando la Constitución”.

El abogado y director de Berg Consultores, criticó la Reforma Laboral, indicando que esta contiene elementos del Código del Trabajo de 1967, lo que no estaría en línea con los tiempos actuales. Indicó que el proyecto vulnera la Constitución.

– ¿Qué le llama la atención sobre la discusión de la Reforma Laboral?
– Desde el ministerio señalan que es un proyecto que moderniza las relaciones laborales, pero el Código del Trabajo de 1967 tenía la misma figura que se busca ahora: Solamente pueden negociar los sindicatos y por lo tanto el trabajador no puede hacerlo por su propia cuenta. Además, se establecía que bastaba con que un trabajador entrara al sindicato para que obtuviera un beneficio. Las cosas han cambiado, en esa época Chile tenía una economía cerrada al mundo, mucho más estatal, más industrial y tenía una organización llamada Dirinco que fijaba los precios.

– ¿No se condice con los tiempos actuales?
– No. 45 años después, Chile tiene una economía abierta, sin fijación de precios. Entonces me llama la atención que digan que será modernizador usando una base antigua. Además, se presenta otro fenómeno interesante: tiene los mismos elementos que posee el Código del Trabajo de Cuba y de Venezuela, naciones con un modelo económico y social muy distinto al nuestro. En ambos casos solo pueden negociar los sindicatos colectivamente y para tener derecho a negociación colectiva, se debe pertenecer a la organización sindical y en ambos casos el trabajador que ingresa después al sindicato, también tiene los beneficios.

– ¿Es preocupante ir hacia ese modelo?
– Llama la atención que se copien estos modelos que claramente no son los que los chilenos quisieran seguir. La gente prefiere un modelo mucho más libre. Algo que me tiene inquieto en estos momentos es que se aborde más por los impactos económicos que pueda tener, que son graves, más que por el efecto que pueda caer sobre las personas. Más que un proyecto de Reforma Laboral es un proyecto político, ya que están cambiando la Constitución y estamos yendo a un modelo de sociedad parecido al cubano y venezolano.

– ¿Cómo ve el contenido del proyecto?
– El proyecto tiene algunos aspectos que son clarificadores en función de lo que hay hoy día, pero no podemos pasar por alto el hecho que coarte la libertad de las personas. Pasa con la titularidad sindical. Por ejemplo, es como si a usted le gusta el fútbol, pero no quiere ser socio de su equipo favorito, entonces vienen y le dicen que respetan su decisión pero que no puede ir a ver los partidos por no ser socio del club.

– Entonces coincide con la crítica de que hay una sindicalización encubierta…
– Sí, decir que el proyecto no apunta a la sindicalización obligatoria es mentirle a la gente. Le dicen que si quiere negociar colectivamente hay que sindicalizarse, si quiere tener beneficios similares a los que obtiene el sindicato, hay que unirse a ellos. ¿Qué es lo que hacen los dirigentes sindicales cuando trabajadores no afiliados negocian con la empresa y ésta les ofrece un modelo distinto? Van a la Dirección del Trabajo y acusan a la empresa de estar discriminando y ofreciendo algo desigual, no lo dejan actuar individualmente. En el fondo su libertad y su capacidad de decidir las pierde y se la pasa al sindicato. Eso, a mi juicio, es más peligroso que cualquier impacto económico que pueda tener.

– ¿El proyecto da respuesta al mercado laboral de hoy en día?
– En 2013 teníamos una situación de casi pleno empleo. Hoy, las cifras de desocupación se parecen mucho. Pero si va a las del empleo, en el 2013 eran fundamentalmente con contrato, mientras que hoy hay muchos trabajadores por cuenta propia. Lo que el modelo necesita, es que haya más empleo y preparar a la gente para que pueda enfrentar mejor el mercado del trabajo. El proyecto no aborda nada de eso, no hay ninguna norma que fomente la creación de empleo, al contrario, lo desincentiva.

– ¿Está ausente la flexibilidad?
– Sí. El proyecto no recoge las necesidades de la gente, la que pide más capacitación y más oportunidades de trabajo. Estudios demuestran que las personas quieren buscar esquemas de más flexibilidad y si bien el proyecto dice que está la posibilidad de que eso se produzca, al final pone tantas trabas que no la hace posible. Por ejemplo, exige un número muy importante de individuos que estén de acuerdo y pide que todo sea bajo un sindicato. Y todas las empresas tienen realidades distintas. Por ejemplo, yo tengo una empresa con una dotación del 10% en Santiago y el resto en zonas remotas y para darle un acuerdo de flexibilidad a los que están en la capital, habría que poner de acuerdo a gente que está en las zonas remotas, a las que no les va ni les viene. Esto fue un “saludo a la bandera” para decirle a los empresarios que los estaban tomando en cuenta pero en la práctica no es así.

– ¿Qué riesgos oculta esta nueva institucionalidad?
– El principal peligro es que la gente termine por acostumbrarse a que otros tomen las decisiones por ellos y que terminen por aceptar lo que se está planteando de alguna manera: que usted como ciudadano común y corriente, no está capacitado para tomar sus determinaciones y que la única forma de que pueda resolver algo es que haya una directiva sindical que lo proteja y le ayude a adoptar sus resoluciones. Esa es la parte más grave.

– ¿Cómo visualiza el mercado laboral en cinco años si se aprueba el proyecto tal como está?
– Se va a rigidizar. Las empresas van a tener que buscar una mayor tecnología para adaptarse a los tiempos. Este proyecto claramente no va a ayudar a quienes dice que van a apoyar, va a aumentar la conflictividad, la interlocución ya no va a ser uno a uno porque va a ser con las cúpulas sindicales. Hay cúpulas que se dedican a asesorar a otros sindicatos, cúpulas que dejaron de trabajar en el mercado y que tienen una actitud mucho más confrontacional con las empresas, que la que tienen los trabajadores de las mismas.

– ¿Este proyecto vulnera la Constitución?
– Sí. La Constitución establece la no discriminación y este proyecto dice que no discrimina, pero al final sí lo hace entre trabajadores sindicalizados y no sindicalizados, donde el primero tiene todos los beneficios que el otro no tiene. Por otro lado, la Constitución dice que nadie puede ser obligado a pertenecer a alguna organización para determinados fines, pero esta iniciativa fuerza a pertenecer a alguna entidad para obtenerlos, por ejemplo, ser parte de un sindicato. Además, la Carta Magna indica que las personas son libres para tomar sus propias decisiones, pero la reforma dice que usted no tiene la capacidad ni la libertad para decidir. Eso se da cuando después de algunos días en huelga, usted decide volver a trabajar. Esa posibilidad de decisión se elimina.

– ¿Siente que esta reforma avanza hacia una mayor conflictividad?
– Tiende a aumentarla. Por ejemplo, yo le digo a usted que vamos a negociar, pero le pongo dos requisitos: el primero es que no puede ofrecerme algo menor que hace dos años. Usted, como empleador, me contesta que no puede porque las cosas están mal. Es un mal inicio. Segundo requisito, le digo que mi proyecto viene con 100 personas y usted hace el cálculo para ver cuánto puede ofrecer. Pero durante los días en los que espero la respuesta, yo le digo que agregué al sindicato a 100 personas más. Una cosa es calcular con 100 y otra con 200. Por último, yo le digo que si no hay acuerdo nos vamos a huelga y por ende no puede reemplazar a la gente, por lo que de 300 trabajadores, 200 están paralizados. Entonces, las opciones son o quebrar o pagar lo que el sindicato pide y eso liquida a la empresa. Sin duda, hay más conflicto.

En 1967 la situación era que usted como empresa iba al Estado; éste le consultaba por el dinero que necesita y como había fijación de precios, usted solicitaba permiso para aumentar los precios, situación a la que accedía el fisco. No había problemas porque, por ejemplo, si usted vendía calzados, no había una mayor competencia. Eso no sucede hoy, un alza en el precio del producto hace que los consumidores prefieran otra opción, porque hay una mayor competencia. Se habla de diálogo, pero este se da cuando ambas partes están en igualdad de condiciones. Pero cuando una parte tiene la posibilidad de hacer quebrar a la otra, ¿Qué diálogo puede haber?

– Entonces no ve equilibrio en la reforma…
– No, está planteada desde la lógica del conflicto, porque tal como se decía en el código de 1967, el empleador es poderoso y el trabajador débil. Entonces, lo que se está haciendo es tratar de mover la balanza para otro lado, pero intentan hacerlo de manera absoluta.