** Dos mil de 3.000 negocios sufrieron furia del mar y espasmos de tierra. Sobre 3.500 casas tienen orden de demolición, expresa directivo de CONFEDECHTUR Andrés Ananías.
En Talcahuano se huelen los destrozos, el lodo y la miseria, más penetrantes que el olor a mar. Es que, transcurrido un mes del terremoto y tsunami del 27 de Febrero, este puerto símbolo de la VIII Región parece escenario de guerra. "Para llegar a la Plaza de Armas en el centro de la ciudad hay que subir y bajar por los cerros", relata impresionado el dirigente nacional de la Confederación del Comercio Detallista y Turismo, CONFEDECHTUR, Andrés Ananías.
El representante gremial señala que hay barro hasta de 2 metros en la calle en alrededor de 20 manzanas a la redonda. Todo el techo del Mercado Central se vino abajo en más de una cuadra de extensión. Doscientos locatarios perdieron en un instante lo que les costó casi una vida poner en marcha. Ni las cocinerías típicas del mercado funcionan y algunos recién se atreven a cocinar con mucho cuidado productos marinos. Anda rondando el peligro de infecciones.
Personalmente, Ananías también sufrió un remezón violento. De sus tres locales, uno sacó la peor parte y se condenó a la demolición. El hombre vio a sus establecimientos quedar bajo 2.20 metros de agua durante 40 minutos infernales. Pero lo demoledor vendría más tarde: Turbas saquearon lo que pillaban y aumentaron las pérdidas que hoy calcula en 250 millones de pesos, considerando mercaderías, instalaciones, servidores y códigos de barra.
El comercio sigue a media luz y el suministro de agua afronta cortes. De más de 3.000 negocios con patente está afectado el 80%. No hay gas de cañería hasta unos 6 meses. Por fortuna un resplandor es encendido por la Municipalidad y otras dependencias que laboran sin descanso. Recién en septiembre se normaliza el mercado ocupacional.
Veintidós edificios tienen decretos de demolición y 3.500 casas sufrirán el mismo destino. Sin embargo lo que se observa surrealista y trágico a la vez son 30 barcos que el tsunami lanzó de las olas al cemento de la calle. "Diez naves están dentro de una Serviteca; urge un plan de reconstrucción", pide el directivo.
Volviendo a su actividad, indica que en el comercio se perdieron muchos comestibles y que muy lentamente la gente vuelve a gastar, porque la mayoría quedó de brazos cruzados. "No hay plata; todos dependen de las bolsas de ayuda solidaria y las botellas de agua mineral Talcahuano es la misma ciudad, pero con basura nueva", confiesa.









